Agua de calidad para tu cultivo.

Bajar la EC 

Si el agua con la que regamos es dura (tiene una EC alta), encontramos una elevada cantidad de sales minerales disueltas. Además, si la obtienes del grifo puede contener también otros elementos contaminantes disueltos como el Plomo, Cadmio, Boro, Arsénico y otros metales pesados que pueden ser tóxicos para las plantas.

La EC del agua influirá directamente en la cantidad de alimento que le daremos a nuestras plantas para mantenerlas fuertes y sanas. Esto es debido a que las plantas, según su genética y fase de cultivo, pueden llegar a admitir hasta un 1,4 o hasta 2,2 de EC. Por lo tanto, cuanto más elevada sea la EC, menos nutrientes podremos añadir al cultivo.

Por ejemplo, imaginemos que el agua de nuestro grifo tiene una EC de 1,0. En este caso, solamente podremos añadir nutrientes hasta 0,4 o 1,2 para alcanzar los niveles máximos. Si añadimos más, estaremos provocando un exceso de nutrientes que puede llegar a obstruir las raíces de las plantas. En cambio, si empezamos a regar con agua pura de 0,1 o 0,2 o incluso 0,0 EC, podremos añadir a las plantas la cantidad exacta de nutrientes que necesitan.

Por otro lado, en un agua con una EC elevada encontramos elevados niveles de calcio, que provocarán una acumulación de cal en las raíces, disminuyendo su capacidad de absorción y provocando carencias de otros nutrientes vitales en las plantas.

Para bajar la EC del agua de forma segura, los sistemas de osmosis inversa son la opción más cómoda y fiable. La Osmosis Inversa  elimina hasta un 95% de las sales disueltas y metales pesados, bajando la EC y consiguiendo un agua pura.

Ahora podremos añadir los nutrientes que necesitan nuestras plantas de forma equilibrada, ya que estaremos utilizando agua sin sales minerales ni metales pesados, y sin cloro, ya que estos sistemas se elimina también hasta el 99% del cloro.

Estabilizar el pH

Los sistemas de osmosis inversa ayudan también a conseguir un pH equilibrado, ya que el agua osmotizada tiene un pH de entre un 6 y 6,5. El pH es otro de los valores del agua más controlado por los cultivadores. Es el grado de acidez o de alcalinidad del agua.

Las plantas, al igual que las personas, tienen variaciones de pH. Si estas no tienen un pH adecuado no disfrutarán de una buena salud, estando más expuestas al ataque de hongos, virus e insectos no deseados. Un pH recomendado para el cultivo es el que varía entre 6,5 y 7,5, que podemos conseguir utilizando un equipo de osmosis.

Eliminar el cloro del agua

Podemos tener la suerte de disponer de agua blanda (EC hasta 0,5 aproximadamente), pero el cloro está siempre presente en todas las aguas de red municipales. Este químico ataca directamente a las raíces de las plantas, quemándolas, e impidiendo así su correcto crecimiento.

El cloro mata también a los microorganismos que viven en los abonos, los cuales son beneficiosos para nuestras plantas. Estos microorganismos ayudan a las plantas a absorber los nutrientes que necesitan, ya que convierten la materia en alimento asimilable por ellas. También suponen una forma de protección para evitar enfermedades en las plantas. Es el caso de las micorrizas, que se incluyen en los abonos para fortalecer las raíces y mejorar la absorción de nutrientes.

Por otro lado, estos microorganismos nos ayudan también a combatir determinadas plagas. Mediante productos basados en los extractos de Microorganismos, como Bacillus Thuringiensis para matar gusanos, o el Oidio Prot para eliminar el Oidio de las hojas, los cultivadores nos aseguramos de proteger y fortalecer las plantas. No obstante, si regamos con un agua con cloro, los beneficios de estos productos que utilizamos expresamente desaparecen, ya que matamos los microorganismos beneficiosos.

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